dirigiendo un vinyasa

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En Mandiram Urquinaona

sábado, 6 de diciembre de 2025

Más que Comer: La Alimentación como Acto Sagrado según el Ayurveda y el Yoga





En un mundo cada vez más acelerado, volver la mirada hacia nuestra alimentación no es solamente una cuestión física: es una forma de reconectar con la vida, con la energía que nos sostiene y con un modo de existir más presente y equilibrado.

Cuando hablamos de yoga y bienestar, no hablamos de “dietas”, prohibiciones o cuentas de calorías.
Hablamos de pureza, de respeto, de escucha, de elegir alimentos que nutran no solo el cuerpo, sino también la mente y el espíritu.
Hablamos de comer con conciencia, sin excesos, sabiendo que cada elección es parte de nuestro equilibrio interno.

Ayurveda: el conocimiento ancestral de la vida

Para la tradición del yoga, el camino hacia la salud siempre ha estado acompañado del Ayurveda —un sistema de conocimiento con más de 6000 años de historia cuyo nombre lo dice todo:
Ayur = vida / Veda = conocimiento.

El Ayurveda observa la existencia como una danza constante entre el ser humano y el cosmos.
Según esta visión, todo lo que somos —nuestras funciones corporales, nuestra energía, nuestras emociones— está influido por los mismos elementos que componen la naturaleza.

Los 5 elementos en Ayurveda

  • Éter – espacio, vacío, oído

  • Aire – movimiento, tacto

  • Fuego – transformación, visión

  • Agua – fluidez, sabor

  • Tierra – estabilidad, olfato

Nuestros sentidos son los puentes que nos conectan con ellos: a través de lo que vemos, tocamos, saboreamos y escuchamos, percibimos cómo la vida nos afecta… y cómo nosotros la afectamos a ella.

Prakriti, Vikriti y los Doshas: nuestra constitución única

Dos términos fundamentales explican quiénes somos según el Ayurveda:

  • Prakriti: nuestra constitución de nacimiento, genética y estable.

  • Vikriti: nuestro estado actual, moldeado por el entorno, la edad, el clima y las experiencias.

Lo que comemos, cómo dormimos, los horarios, el estrés, la estación del año… todo puede alterar ese equilibrio.

De esta interacción nacen los Tres Doshas, las energías que gobiernan el cuerpo:

Vata – el movimiento (Éter + Aire)

  • Delgado/a, manos y pies fríos

  • Sequedad, piel fina

  • Mente creativa, activa, pero tendencia a la ansiedad

  • Controla todos los movimientos internos y externos

Pitta – la digestión (Fuego + Agua)

  • Fuerte, mirada intensa

  • Piel suave, cabello fino

  • Mayor capacidad digestiva

  • Naturaleza alegre, decidida, organizada

Kapha – la estabilidad (Agua + Tierra)

  • Cuerpo robusto y estable

  • Metabolismo lento

  • Temperamento calmado y protector

  • Resistencia y fuerza natural

Con el paso del tiempo, es común que el dosha Pitta aumente (especialmente después de los 40), combinándose con nuestro dosha de nacimiento.

La alimentación según tu dosha

Cada dosha responde mejor a ciertos alimentos y necesita evitar otros para mantenerse en equilibrio.
Por eso, es recomendable consultar con un especialista Ayurveda que pueda ayudarte a identificar tu constitución y orientarte hacia la nutrición más adecuada para ti.

No se trata de prohibir, sino de armonizar.
No se trata de restringir, sino de escuchar.
Lo que para una persona es medicina, para otra puede ser exceso.

Más allá de la comida: un estilo de vida completo

La salud no se sostiene solo desde el plato.
El Ayurveda recuerda que necesitamos movimiento, descanso y pausas:

  • Caminar para sentir el cuerpo.

  • Practicar yoga para equilibrar respiración y energía.

  • Meditar para calmar la mente y limpiar el ruido interno.

Todo trabaja junto: el alimento que tomamos, el aire que respiramos, el ritmo que llevamos.
La vitalidad no es una meta: es el resultado natural de vivir en coherencia con lo que somos.



miércoles, 12 de noviembre de 2025

Del miedo a la calma: cómo el yoga me ayudó a sanar la ansiedad y la depresión postparto





 En mi último artículo hablé sobre la salud mental desde un panorama general.

Hoy me gustaría hacerlo en primera persona, desde mi propia experiencia con estas problemáticas.

Desde muy pequeña, la ansiedad me acompañó de forma silenciosa, provocándome distintos tipos de trastornos, sobre todo a la hora de comunicarme con los demás o mantener la atención en las clases.
Me avergonzaba, me bloqueaba, y no podía hablar cuando la maestra me hacía una pregunta.
Ni mi madre pudo entender lo que me pasaba, porque en aquel entonces la ansiedad no era reconocida como una enfermedad, y mis síntomas pasaban desapercibidos.

Cuando la profesora me llamaba, sentía un temblor profundo, una niebla en la cabeza y me quedaba completamente en blanco.
Era una niña asustada, viviendo año tras año con las mismas sensaciones, sin poder explicarlas. Me sentía fatal, con la sensación de morir cada vez que me exponía.

A los 20 años, en mi primera clase de yoga, sentí por primera vez que podía respirar con libertad.
Fue el comienzo de un cambio: poco a poco logré controlar esos excesos y aliviar la tensión física y mental.
El yoga me permitió no temer a la gente nueva ni a la comunicación; me ayudó a reconectarme conmigo misma.

Más adelante, ya viviendo en Barcelona y con 30 años, comencé a leer sobre la ansiedad y comprendí que aquello que me había acompañado desde la infancia tenía un nombre.
Descubrí también que la raíz estaba en mi entorno familiar: los malos tratos y las discusiones entre mis padres, los gritos, el miedo constante… todo eso me había marcado profundamente, generando inseguridad y miedo que se transformaron en ansiedad.

Hoy puedo decir que el yoga y la meditación son mis herramientas para convivir con ella, no para evitarla.
Aprendí que no se trata de eliminar la ansiedad, sino de reconocerla como una señal, una alerta que me ayuda a anticipar el desborde y cuidar de mí antes de que sea tarde.

Cuando nació mi hijo, un día comencé a llorar sin parar.
No entendía lo que me ocurría, pero sentía que algo no estaba bien.
Una terapeuta me confirmó que estaba atravesando una depresión postparto, y que debía tratarla.
Era madre soltera y, en ese momento, la carga emocional era enorme.
El estrés, la falta de sueño y las preocupaciones comenzaron a afectar también mi cuerpo: perdí cabello, desarrollé ciática y me sentía completamente agotada.

Decidí actuar.
Cambié mi alimentación, volví a practicar yoga, comencé terapia individual y de grupo, y poco a poco recuperé la energía.
Me propuse estudiar, cuidar mi aspecto, abrirme a nuevas amistades y compartir mis experiencias con otras madres.
Ese fue el punto de inflexión que me dio coraje para sostenerme a mí y a mi hijo.

Hoy él tiene 21 años y es independiente.
Yo sigo practicando yoga, aprendiendo y comenzando una nueva etapa con actitud positiva y más conciencia sobre la vida y cómo gestionarla desde mi interior.
La vida siempre nos da sorpresas —no todas positivas—, pero está en nosotros elegir cómo mirarlas, por dónde caminar y qué aprender de ellas.

Quiero terminar invitándote, si estás pasando por un momento difícil, a buscar ayuda profesional.
Los terapeutas y guías están para acompañarnos cuando no podemos hacerlo solos.
Pedir ayuda no es debilidad, es un acto de amor y valentía hacia uno mismo. 💜

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Habitar el presente: herramientas conscientes para acompañar nuestra salud mental

 




La salud mental hoy ya no está en la sombra ni en el tabú que existía hace años. Se reconoce como un aspecto fundamental que influye directa y profundamente en cómo pensamos, sentimos, nos relacionamos, amamos, trabajamos y tomamos decisiones. Problemas como depresión, ansiedad u otras alteraciones emocionales afectan a la persona y también a su entorno y, por eso, cada vez se habla más de ello de manera abierta y responsable.

Todas, en alguna etapa de nuestra vida, hemos atravesado momentos donde la mente perdió estabilidad, claridad o calma. A veces por duelos, a veces por estrés acumulado, situaciones laborales, presión social, historias familiares o heridas antiguas que aún duelen. Reconocerlo no nos hace débiles, nos hace humanas.

Y aquí es donde quiero aportar desde mi lugar: el yoga y la meditación no sustituyen tratamientos ni profesionales de salud mental, pero sí pueden ser un apoyo complementario muy valioso. Pueden ofrecer un espacio seguro donde volver al cuerpo, regular el sistema nervioso, entrenar la presencia y observar los pensamientos sin quedar atrapadas en ellos. La respiración consciente es una herramienta real para acompañar estados mentales difíciles.

Eso sí: la práctica debe ser libre, nunca forzada. Debe llegar cuando la persona se siente lista, cuando lo desea, cuando siente que ese espacio puede sumarle y no exigirle.

Acompañar a alguien con problemas de salud mental requiere sensibilidad, escucha, delicadeza y respeto por sus tiempos. La mirada compasiva, la ausencia de juicio y la presencia amorosa pueden abrir puertas más grandes que cualquier palabra.

Si conoces a alguien que esté viviendo un momento emocionalmente complejo, a veces un gesto simple como invitarle a una meditación guiada, o a una práctica suave, o simplemente una charla grupal consciente… puede ser el inicio sutil de un nuevo camino.

La salud mental nos puede tocar a cualquiera. Y acompañarla es un acto de amor.
Hacia los demás. Y hacia una misma.
Namasté 🪷

⚠️ IMPORTANTE: cuando hablamos de salud mental / enfermedad mental
no podemos prometer ni insinuar que meditación/yoga sustituyen tratamiento clínico
pero sí podemos hablar como complemento saludable / acompañamiento / herramienta reguladora / apoyo / prevención / autocuidado



martes, 21 de octubre de 2025

🌞 Cultivar hábitos conscientes: el arte de vivir en equilibrio cada día

 La importancia de asumir cada día hábitos que nos lleven a una vida más integrada, equilibrada y activa es algo que no podemos seguir postergando. La dinámica de nuestra vida moderna, muchas veces apresurada y desconectada, nos aleja de lo esencial: alimentar la mente y el cuerpo con experiencias que nos inviten a vivir con plenitud y presencia.

Adoptar hábitos conscientes no significa cambiarlo todo de un día para otro, sino empezar a elegir, con intención, lo que nos nutre. Cada mañana podemos iniciar con pequeñas acciones que nos conecten con nuestro bienestar: levantarnos sin prisa, ir al baño, asearnos con consciencia, tomar un vaso de agua para activar el cuerpo, y si ya forma parte de tu rutina, dedicar unos minutos a la meditación o a tu práctica personal de yoga.

Después, un desayuno equilibrado y nutritivo nos prepara para afrontar el día desde otro lugar: con energía, calma y claridad mental. Estos momentos de conexión con uno mismo son el punto de partida para mantenernos presentes y conscientes durante el resto del día, evitando caer en el piloto automático que tantas veces nos arrastra al estrés y al agotamiento.

Sabemos que la sociedad actual nos empuja hacia un ritmo acelerado, con trabajos que exigen largas horas, desplazamientos que consumen tiempo y energías, y una constante sensación de no llegar a todo. Estos factores son, sin duda, una fuente silenciosa de enfermedad y debilitamiento físico y emocional.

Por eso, es fundamental empezar a crear espacios para reeducar nuestra mente y cuerpo hacia el equilibrio. Los cambios no se asumen de la noche a la mañana: requieren compromiso, paciencia y constancia. A veces también necesitamos el acompañamiento de un guía o interlocutor que nos ayude a construir y sostener esos nuevos hábitos que transforman —ya sea para mejorar el sueño, la alimentación, la postura o la gestión del estrés.

El yoga es una herramienta maravillosa para este proceso. No solo fortalece el cuerpo y aquieta la mente, sino que también nos enseña a observarnos, escucharnos y actuar desde la consciencia. Con la práctica constante, poco a poco, vamos notando cómo nuestra vida se vuelve más clara, fluida y equilibrada.

El verdadero cambio comienza en uno mismo. No se trata de alcanzar una meta, sino de aprender a vivir con mayor presencia, gratitud y armonía. Y cada pequeño paso, cada respiración consciente, nos acerca a esa plenitud que tanto buscamos. 🌿



sábado, 20 de septiembre de 2025

🌿 Repensando el papel del maestro y los ajustes en el yoga 🌿

 En los últimos años se ha vuelto a hablar de los escándalos en el linaje de Pattabhi Jois, donde los ajustes manuales se normalizaron hasta convertirse en abusos. Hoy, el tema está sobre la mesa y surge una propuesta necesaria: que todo ajuste requiera consentimiento previo, claro y firmado. Un paso sin precedentes hacia una práctica más segura.

Pero este debate no se queda solo en lo físico: también cuestiona la figura del maestro. Durante demasiado tiempo se le otorgó un papel de autoridad absoluta, casi intocable, lo que junto a la idealización del alumno generó silencios, miedo a perder la comunidad y vergüenza de hablar. Esa falsa imagen del maestro perfecto empieza a desmoronarse. Y es necesario.

Ahora bien, aunque la figura del/la maestr@ no tiene que desaparecer —porque es fundamental para el crecimiento del alumno—, sí debe transformarse. El/la maestr@ es clave para fomentar consciencia, transmitir experiencia y generar confianza. También es fundamental para estimular y dar ejemplo de que podemos mejorar nuestra vida sin necesidad de tanto sufrimiento, recordándonos que el yoga no es solo físico, sino una disciplina integral que transforma a la persona por completo.

A menudo me preguntan si tengo un maestro espiritual. La verdad es que no. Mi camino nació de la curiosidad y la necesidad de mantenerme firme en la práctica, no de la devoción a una figura incuestionable. Hoy creo que el verdadero maestro está dentro de cada un@ de nosotr@s, pero también reconozco la importancia de contar con guías que nos inspiren, nos sostengan y nos muestren, con su ejemplo, que la vida puede vivirse de otra manera.

🎥 Este verano grabé un video donde hablo de un aspecto que me parece clave: más allá de los ajustes manuales, lo primero que necesitamos en las clases son ajustes verbales y visuales. Con la voz y la mirada, el profesor puede guiar al alumno a colocar los pies, piernas, caderas, brazos y mirada de forma clara y concisa. Así se evitan lesiones, se gana confianza y la práctica se convierte en un espacio seguro y consciente.

Este paso es transformador: devuelve autonomía al alumno, fortalece el vínculo con un maestr@ auténtico y mantiene viva la esencia del yoga, sin necesidad de idolatrías ni contactos innecesarios.

✨ Si quieres profundizar más en este tema, he compartido el video en mi perfil de Instagram 👉 @yogaconari donde explico cómo aplicar estos ajustes de forma práctica y consciente

🙏 Namaste


viernes, 12 de septiembre de 2025

🌿 Respiración y Yoga: el poder del Pranayama 🌿

 Un factor clave que acompaña toda práctica de yoga —antes, durante y después de las asanas— es la respiración. El nivel de expansión que alcanzamos con cada inhalación y exhalación influye directamente en nuestra concentración y en la manera en que vivimos la práctica.

No por casualidad, nuestro gran maestro y sabio Patanjali nos dejó claro en los Yoga Sutras que el Pranayama es fundamental: es la herramienta que nos ayuda a expandir la energía vital y a mantener la mente enfocada. Por eso, en cada clase de yoga siempre debe haber un momento dedicado a los ejercicios de respiración.


🫁 La respiración desde la anatomía

Para entender mejor la importancia del Pranayama, primero veamos cómo funciona nuestro aparato respiratorio:

El aire entra por las fosas nasales, faringe y laringe (vías respiratorias altas) y luego pasa por la tráquea, bronquios, bronquiolos y alvéolos pulmonares (vías respiratorias bajas). Allí se produce el intercambio gaseoso entre oxígeno y dióxido de carbono, un proceso vital para mantenernos con energía y salud.

Un detalle importante: los pulmones nunca se vacían completamente al exhalar, gracias a la presión pleural, lo que asegura su correcto funcionamiento.



⚠️ Hábitos y consecuencias

A partir de los 25 años, si no llevamos una vida saludable, es común que la respiración se vuelva cada vez más superficial, usando solo la parte alta del pecho. Este mal hábito, mantenido en el tiempo, puede favorecer la aparición de diversas enfermedades que afectan a los pulmones y otros órganos.

Por eso es tan importante corregirlo a tiempo con ejercicios respiratorios y posturales.


🌬️ Pranayama en la práctica de yoga

El yoga nos ofrece varias técnicas de respiración, cada una con un propósito diferente. En mis clases suelo utilizar:

  • Respiración cuadrada (Sama Vritti) → al inicio de la práctica, para aquietar la mente.

  • Ujjayi → durante las asanas, para mantener la energía y la concentración.

  • Nadi Shodhana (respiración alterna) → al finalizar, para equilibrar y relajar.

Existen también técnicas más avanzadas, como Kumbhaka (retención de la respiración), que despeja la mente y fortalece los pulmones. Sin embargo, no es recomendable para todas las personas, especialmente quienes sufren de hipertensión.


🙏 Un recordatorio importante

Siempre que asistas a una clase de yoga, informa al profesor si tienes alguna lesión, condición de salud o tomas medicación. Así podrá guiarte con seguridad y adaptar la práctica a tus necesidades.

La respiración es vida, y el yoga nos enseña a utilizarla de forma consciente para equilibrar cuerpo, mente y espíritu. Te invito a prestar atención a cómo respiras y a experimentar el poder transformador del Pranayama en tu día a día.

✨ Namasté ✨


jueves, 4 de septiembre de 2025

🕉️ Yoga, concentración y presencia

 Hace poco leí un post sobre algunas afirmaciones de Patanjali, el gran sabio del yoga. Algún día os hablaré con más detalle sobre él y sobre los Yoga Sutras, un texto fundamental que explica, entre otras cosas, el camino hacia el Samadhi(estado de conciencia plena).

Hoy quiero retomar ese post para explicar algunos conceptos que os pueden resultar muy interesantes.

En una clase de yoga siempre escucharás hablar de asana (postura). Cada una tiene su nombre en sánscrito, aunque a veces los profesores las traduzcan al español. Permanecer en una asana no se trata solo de "hacer la postura", sino de quedarse en ella con atención plena. - ( sigue abajo)


Para lograrlo influyen varios factores:
  • La práctica constante, que nos da comodidad y confianza en el cuerpo.

  • La atención en un punto concreto (bindu), lo que permite que el esfuerzo físico y mental disminuya.

Este último aspecto está muy relacionado con el término Dharana, que significa atención plena o concentración. Dharana es la capacidad de enfocar la mente en un solo punto, sin distraerse con pensamientos inútiles que solo nos generan ruido.

Por eso, antes incluso de trabajar el cuerpo, es esencial educar la mente. Aprender a detener esa tendencia a acumular preocupaciones o a dejarse llevar por pensamientos que no pertenecen al momento presente.

El presente es el gran protagonista de la práctica de yoga.

Decimos que el yoga es un camino para comprender la vida y aprender a vivirla con menos sufrimiento. Esto no significa que nos volvamos insensibles o pasivos, sino que adquirimos herramientas para afrontar las dificultades, aliviarlas y aclarar la mente cuando parece atrapada.

El yoga no es únicamente físico ni mental: también es espiritual. Es una disciplina milenaria que podemos aplicar en nuestro día a día, ayudándonos a vivir con menos estrés, menos agobio y más serenidad.

Y este es solo el comienzo. El yoga nos ofrece un sinfín de herramientas para mejorar tanto por fuera como por dentro. Por eso os animo a experimentar esta práctica. De verdad, vale la pena.

🙏✨ Namasté






jueves, 28 de agosto de 2025

Cómo prepararte para tu primera clase de yoga

 


Existen muchas maneras de acercarse al yoga, pero hoy quiero centrarme en quienes acuden a una clase por primera vez.

Si estás buscando tu primera experiencia, lo primero que debes revisar es si la clase está abierta a todos los niveles o si está destinada a un nivel 1 (principiante). En caso de que no lo encuentres especificado, lo mejor es preguntar antes de reservar.

También es recomendable informarte sobre los distintos estilos de yoga que existen hoy en día. El mercado ofrece una gran variedad y conocerlos puede ayudarte a elegir la práctica que más te convenga. No todas las clases son suaves ni aptas para cualquier condición física.

Para que tengas una idea, te comparto algunos ejemplos:

  • Yin Yoga o Yoga Restaurativo → suelen ser clases accesibles para cualquier persona, ideales si buscas calma, descanso y estiramientos profundos.

  • Hatha, Raja o Iyengar Yoga → permiten adaptaciones según el nivel, son buenas opciones si quieres aprender la base del yoga con seguridad.

  • Ashtanga, Vinyasa o Rocket Yoga → son estilos dinámicos, en movimiento, que requieren un cuerpo más entrenado o al menos un poco de experiencia previa.

Si tienes dudas, no dudes en preguntar en el centro al que acudas o escribir un correo electrónico (si tu caso es una clase online).

Ahora bien, si tienes antecedentes de lesiones, alguna patología o tomas medicación, es muy importante que informes de tu situación al profesional que dirige la clase. Esto permitirá que la práctica se adapte a ti y que tu experiencia sea positiva. En estos casos, el profesor o profesora te indicará cómo entrar, permanecer y salir de las asanas de manera segura.

Si no te sientes cómodo compartiendo tu situación con el resto del grupo, siempre puedes solicitar al instructor una pequeña entrevista antes o después de la clase para explicarlo en privado. Esto evitará incomodidades y hará que disfrutes más tu práctica.

En resumen, para tu primera clase de yoga recuerda:

  1. Revisa el nivel y el estilo de la clase.

  2. Pregunta en recepción o por correo si tienes dudas.

  3. Informa al profesional sobre lesiones, patologías o medicamentos que estés tomando.

  4. Si lo piden, puede que sea necesario traer un informe médico (aunque no siempre es obligatorio).

El yoga debe ser siempre una experiencia positiva, tanto para el alumno como para quien dirige la clase. Con una buena comunicación y la elección correcta del estilo, tu primera práctica será el inicio de un camino transformador lleno de descubrimientos.

lunes, 25 de agosto de 2025

🧘‍♀️Tribu Consciente🌳



 


  1. ¡Conecta contigo mismo: nuevas clases de yoga y meditación! 🌸

    ¿Sientes que necesitas un momento para ti, para relajarte y reconectar con tu cuerpo y tu mente? ¡Este es el momento perfecto!
    Estoy abriendo clases de yoga y meditaciónpresenciales y online, para personas de todos los niveles, desde principiantes hasta practicantes avanzados.

    Por qué unirte:

    • Recupera la calma y reduce el estrés diario.

    • Fortalece tu cuerpo, mejora tu postura y aumenta tu energía.

    • Aprende a respirar, meditar y soltar lo que ya no necesitas.

    • Comparte un espacio de crecimiento y bienestar con otras personas.

    Opciones de participación:

    Cómo empezar:

    1. Haz clic en este https://chat.whatsapp.com/HXzWyugbpEF9dVye9haLjs

    2. Únete a nuestra comunidad activa y recibe toda la información sobre horarios y modalidades.

    3. Cuando tengamos un grupo suficiente, organizaremos las clases de manera que se adapten a todos.

    No importa si nunca has practicado yoga o meditación; lo importante es tu intención de cuidarte y crecer. 🌿
    ¡Da el primer paso hoy y forma parte de esta experiencia transformadora!


jueves, 24 de abril de 2025

domingo, 21 de febrero de 2021

Un viaje a través de los chakras en yoga



Al comenzar este nuevo año, inspirándome en el trabajo de Mark Stephens —profesor, formador y autor de libros muy didácticos para profesionales del yoga dinámico— quiero compartir con vosotr@s una reflexión y una guía sobre el trabajo energético con los chakras.

En yoga, muchas prácticas avanzadas tienen como objetivo abrir y expandir la energía pránica que fluye a través de la columna vertebral (sushumna) y los canales energéticos (nadis). En este recorrido, la atención se centra en siete puntos principales, llamados chakras (del sánscrito: “ruedas”), que actúan como vórtices energéticos a lo largo de la columna vertebral.

Es importante recordar que los chakras están conectados por los nadis, que no deben confundirse con los nervios: son una parte más sutil de nuestro ser. Trabajar con los chakras no es un ejercicio físico cualquiera; es un viaje profundo de sanación en el que alcanzamos bienestar a nivel físico, mental y espiritual.

Por eso, el estudio y la práctica de los chakras suelen considerarse parte de un nivel avanzado de yoga. No suelen enseñarse en clases de principiantes, ya que su apertura puede generar sensaciones intensas. Antes de llegar a este trabajo, es fundamental aprender cómo contraer o relajar los músculos en una asana y desarrollar una base sólida de fuerza y respiración.


Los 7 Chakras y sus características

  1. Muladhara (Raíz)
    📍 Situado en la base de la columna.
    🎨 Color: Rojo.
    🌱 Punto de inicio para despertar la energía kundalini shakti.

  2. Swadhisthana (Sacro)
    📍 Zona de los genitales.
    🎨 Color: Naranja.
    🌊 Relacionado con la creatividad y las emociones.

  3. Manipura (Plexo solar)
    📍 A la altura del ombligo.
    🎨 Color: Amarillo.
    🔥 Fuente de poder personal y transformación.

  4. Anahata (Corazón)
    📍 Detrás del corazón.
    🎨 Color: Verde o rosa.
    💚 Centro del amor, la compasión y la conexión.

  5. Vishuddha (Garganta)
    📍 Zona de la garganta.
    🎨 Color: Azul.
    🔔 Relacionado con la comunicación y la verdad.

  6. Ajna (Tercer ojo)
    📍 Entre las cejas.
    🎨 Color: Índigo.
    👁️ Centro de la intuición y la sabiduría.

  7. Sahasrara (Corona)
    📍 Parte superior de la cabeza (coronilla).
    🎨 Color: Violeta o blanco.
    🌌 Conexión con la conciencia superior y lo infinito.


La columna vertebral: el Árbol de la Vida

Al final, todo este viaje energético se sostiene en un mismo eje: la columna vertebral, considerada por muchos maestros como el verdadero Árbol de la Vida. B.K.S. Iyengar lo expresaba así, y la práctica del yoga lo confirma una y otra vez: en nuestra columna se encuentran las raíces de la conexión entre cuerpo, mente y espíritu.

Por eso, antes de profundizar en el conocimiento energético, es necesario fortalecer el sistema muscular y respiratorio, porque son ellos los que sostienen y preparan el camino hacia un trabajo más sutil y profundo.


✨ Espero que este pequeño viaje por los chakras te haya inspirado. Me encantaría leer tus comentarios y, en cuanto pueda, los responderé con mucho gusto.

🙏 Namasté




viernes, 12 de febrero de 2021

Yoga en tiempos de cambios: entre la distancia y la necesidad de conexión

Los tiempos han cambiado. Nos guste o no, este virus ha transformado nuestra forma de vivir, relacionarnos y también de practicar. Desde hace más de un año estamos construyendo nuevos hábitos y costumbres, algunos adoptados por elección y otros impuestos por normas y restricciones.

Lo más duro, sin duda, ha sido mantenernos a distancia: sin abrazos, sin charlas cercanas, sin sonrisas compartidas. Y, en el caso del yoga, sin la posibilidad de dirigir una clase sintiendo la presencia del grupo, mirando a los ojos a cada alumno o dando un ajuste con la voz y con las manos. Eso, que antes era natural y cotidiano, hoy parece todavía lejano.

Me pregunto: ¿de verdad nos acostumbraremos a esta nueva forma de relacionarnos? ¿Será tan sencillo aceptar este cambio, aunque ya lo estemos viviendo día a día?

Por mi parte, echo mucho de menos esas clases presenciales donde la energía se funde y se expande, donde la mirada y el contacto fortalecen la relación entre maestr@s y alumn@s.

Las clases online tienen su lado positivo, eso sí. Nos permiten ahorrar tiempo, evitar el tráfico, reducir gastos y contaminación, y organizarnos con más eficiencia. Pero también dejan al margen esa parte humana y energética que solo se siente en un espacio compartido.

Creo que es un tema muy actual y me encantaría abrir un debate aquí:
👉 ¿Qué beneficios encuentras tú en las clases online?
👉 ¿Qué es lo que más echas de menos de las presenciales?

Es importante que compartamos nuestras experiencias y pensamientos, porque cada visión es única y puede enriquecer a los demás.

Por último, hay un aspecto que me inquieta: el futuro de las clases presenciales. ¿Será necesario vacunarse o usar mascarilla para poder volver a una sala? ¿Qué pasará con esa libertad de decidir? En yoga, la respiración es esencial, y resulta difícil imaginar una práctica profunda con mascarilla.

No tengo todas las respuestas, pero sí una certeza: necesitamos reflexionar juntos, mantenernos despiertos y no dejar que otros decidan por nosotros qué hábitos o costumbres adoptar sin cuestionarlos.

✨ Te invito a dejar aquí tu comentario:

  • ¿Cómo estás viviendo esta etapa de cambios?

  • ¿Qué piensas sobre el futuro de nuestras clases?

Me encantará leerte y responderte.

🙏 Namasté



viernes, 5 de febrero de 2021

El valor de las posturas de equilibrio en yoga


Permanecer en equilibrio —ya sea sobre un pie o apoyad@s en las manos— representa para much@s de nosotr@s un gran reto. La sensación de sostener el cuerpo por algunos segundos o minutos en una postura poco habitual puede resultar incómoda e inestable. Sin embargo, la curiosidad y el deseo de superarnos nos llevan a intentarlo una y otra vez, hasta encontrar ese instante mágico en el que mente y cuerpo se alinean… y el equilibrio aparece.

Lo que ocurre es que estamos viviendo una experiencia muy distinta a la habitual. Nuestro cuerpo está acostumbrado a caminar sobre dos pies, no sobre uno solo ni mucho menos sobre las manos. Por eso, cuando estas posturas aparecen en una clase de yoga, nos confrontan con algo nuevo. Y aunque al principio puedan parecernos difíciles o extrañas, están allí para enseñarnos y para invitarnos a explorar nuestras posibilidades.

Con la guía adecuada de la maestra o del maestro, llega el momento en que comprendemos el asana y conseguimos sostenerlo. Y entonces descubrimos que estas posturas no solo entrenan el cuerpo, sino que también generan un efecto boomerang: vuelven a nosotr@s en forma de equilibrio emocional.

El yoga nos enseña que el trabajo físico y el trabajo interior van de la mano. Al mantener una postura de equilibrio, no solo fortalecemos músculos específicos y mejoramos la estabilidad corporal, sino que también cultivamos concentración, paciencia, calma y presencia en el aquí y ahora. Estos beneficios se trasladan a la vida diaria, ayudándonos a manejar emociones intensas como la ansiedad, el miedo o la tristeza.

Por eso en las clases de yoga para niñ@s, muchas veces se incluyen juegos con posturas de equilibrio acompañados de cantos o dibujos. A través del juego, los más pequeños aprenden a reconocer sus emociones, a disfrutar del momento y a expresarse de manera saludable.

En el caso de l@s adult@s, los beneficios son igualmente profundos:

  • Mayor concentración y atención plena.

  • Reducción de la ansiedad y el estrés.

  • Cultivo de la paciencia y la ecuanimidad.

  • Mejora de la postura, la fuerza y la estabilidad corporal.

La clave está en la práctica constante. Cada asana tiene su manera de entrar y salir, y requiere activar determinados músculos para sostener la postura. Quien practica con asiduidad aprende, poco a poco, a encontrar ese equilibrio desde la calma y la concentración.

Un consejo: una vez que descubras la fuerza y la serenidad que se despiertan en ti gracias a estas posturas, no dejes de practicarlas. Una clase de yoga completa debería incluir siempre una o varias asanas de equilibrio, porque son esenciales para el desarrollo físico, mental y espiritual.

Así que, si aún no has probado el yoga, quizás este sea el momento. No lo pienses demasiado: regálate la oportunidad de experimentar el juego del equilibrio. 🌸

🙏 Namasté











sábado, 30 de enero de 2021

Mi camino hacia el yoga



Antes de entrar en temas más complejos del yoga, quiero contaros un poco sobre mí y cómo empezó este camino que hoy forma parte esencial de mi vida.

Si no hubiera encontrado el yoga, probablemente hoy estaría en una situación física complicada, además de haber pasado por momentos de crisis depresiva. Comparto esto porque quiero que sepáis que no soy una persona perfecta ni con un pasado “ideal”: como tod@s, he atravesado dificultades y aprendizajes.

Tenía 19 años cuando, junto a una amiga, comencé a asistir a clases de yoga por las tardes, una o dos veces por semana, en una escuela de mi ciudad. Lo que empezó como una experiencia compartida con mi amiga pronto se transformó en un descubrimiento profundo conmigo misma y con mi cuerpo. Esa práctica me acompañó durante dos años, hasta que la profesora dejó de dar las clases.

Más adelante, al mudarme con mi pareja a una casa ocupada que compartíamos con otras personas, viví un periodo muy intenso, de activismo, viajes, fiestas y también de excesos. Fue una etapa de búsqueda y de experiencias, donde pasaron por mi vida muchas personas. Entre ellas, alguien muy especial: Gatto (Máximo), como todos lo llamaban.

Él no era indio ni venía del Himalaya, pero se había entregado profundamente al yoga y a su filosofía. Puedo decir con certeza que fue mi maestro, un verdadero guía. Su vida no había sido fácil, pero en su rostro brillaba siempre una sonrisa luminosa y una bondad enorme. Con él medité, aprendí a vivir sin miedo y a enfrentar las dificultades con coraje. Siempre me repetía: “Yoga, Ari… por cualquier cosa, yoga”. Nuestra amistad duró unos 7 años, y aunque la vida nos separó, siempre lo recordaré con gratitud.

Gracias a su inspiración, años más tarde retomé mi práctica con más fuerza. En 2015 decidí formarme como profesora para poder compartir lo aprendido con los demás. Desde entonces he seguido formándome, perfeccionando mi práctica y alimentando mi curiosidad. Empecé dando sustituciones, luego creé mis propias clases, y a pesar de la pandemia, hoy sigo adelante con alumn@s fieles y con la ilusión de seguir creciendo y expandiendo este camino.

El yoga me ha enseñado que la vida está en constante movimiento, como las olas del mar: nunca permanece igual, siempre cambia. Mi motivación y mi visión siguen firmes, y estoy convencida de que cada paso, cada persona y cada experiencia forman parte de este viaje infinito.

🙏 Namasté




sábado, 23 de enero de 2021

Nuevos retos en mi práctica y enseñanza de yoga


Con el inicio del nuevo año me propuse abrir espacio a la novedad, tanto en mi práctica personal como en la enseñanza. Habitualmente doy dos clases: los martes, donde hemos trabajado hatha, yoga restaurativo o suave; y los jueves, dedicados al vinyasa. Son prácticas muy diferentes entre sí, pero ambas nos llevan a un mismo destino: la meditación.

Sin embargo, en este camino no todo es sencillo. Una de las mayores dificultades que encontramos es mantenernos en un estado de atención plena y presencia firme. Solemos usar la expresión “el aquí y el ahora” para ayudar al alumno a comprenderlo mejor, porque es justamente esa presencia la que nos sostiene en cada postura y nos permite sentir cómo responde el cuerpo. A veces surge bienestar; otras, incomodidad o incluso la necesidad de salir antes de tiempo de una asana.

Lo importante es entender que cuando el cuerpo envía señales, es algo positivo: nos invita a escuchar y ajustar. Tal vez con una pequeña modificación en la alineación o adaptando la postura podemos permanecer en ella sin renunciar a la experiencia. Con el tiempo —y con constancia— muchas de esas incomodidades desaparecen y damos pasos hacia una práctica más profunda.

El único verdadero obstáculo aparece cuando dejamos de practicar durante un periodo. Al regresar, el cuerpo nos pide paciencia y moderación para recuperar los patrones que había adquirido. Yo misma he comprobado esto una y otra vez, y lo he llevado a la esterilla con mis alumnas.

Pero hay una dificultad aún más grande que el cuerpo: la mente.
Si la mente está pesada, el cuerpo también lo estará. Si está estresada, el cuerpo lo resentirá. Si está llena de pensamientos agitados, nos resultará casi imposible permanecer en una asana por mucho tiempo.

Recuerdo que una alumna me dijo una vez:
"No puedo quedarme mucho en una postura, me viene mejor un vinyasa para tranquilizar mi mente."

Esa frase me hizo reflexionar profundamente. El maestro Paramahansa Yogananda ya lo afirmaba: la mente es el factor que más influye en la práctica de asanas. El yogui sensible descubre que cuerpo y mente están íntimamente conectados, que se influyen en un instante.

El yoga, en su esencia, busca precisamente esa unión: trabajar ambas dimensiones a la vez. Por eso es necesario ser constante, encontrar un lugar y una hora para practicar, y —sobre todo si se está empezando— contar con la guía de un buen maestro o maestra que oriente la alineación corporal y ayude a intensificar la experiencia.

Los problemas de la mente son, en muchos casos, los más evidentes y los que más nos limitan. Encontrar herramientas para afrontarlos es clave. Por un bello azar de la vida, me sumergí en la práctica del Ananda Yoga, y allí encontré respuestas a las dificultades que me compartió aquella alumna.

Por eso este nuevo año he decidido que las clases de los martes las dedicaré al Ananda Yoga. Cada asana irá acompañada de una afirmación consciente, y antes de comenzar trabajaremos un pranayama en movimiento —el Dirgha Pranayama— para preparar la mente y el cuerpo antes del Surya Namaskar (Saludo al Sol) y de la práctica física.

Es pronto para hablar de resultados, pero estoy convencida de que este camino dará frutos. Al final, la clave está en confiar, practicar y cultivar la paciencia. Porque la paciencia, en yoga como en la vida, no es una obligación: es un acto de amor. 💜💗🙏


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